No creo que haya un espectador de teatro más difícil de contentar que un bebé de 1 año. Si la obra no le satisface plenamente, empezará por pedir comida, seguirá por levantarse de su butaca y acabará llorando y gritando “in crescendo” hasta que sus padres tengan que sacarle de la sala. Y sin embargo, hay algunos valientes como la compañía La Casa Incierta y su director Carlos Laredo que se animan a lanzarse a esta misión (casi) imposible.

Nunca pensé poder ir al teatro con un bebé. Cuando tienes un niño muy pequeño las cosas que te interesan pasan a un segundo plano. Porque un niño requiere muchísimo tiempo. Y porque hay muy poco sitios a los que lo puedas llevar. Hay una especie de ”desierto cultural”  para la franja 0-4 años. Como que en esa edad no entiendan nada y no merezca la pena llevarles a ningún sitio. Es un gran error porque el potencial de los bebés es enorme. Probablemente aún desconocido. No hay más que ver como los más pequeños aprenden idiomas como por arte de magia.

Una de los momentos más especiales que he tenido durante el primer año de mi hijo es haber podido compartir con él mi pasión por el teatro. Desayuno frágil es la primera obra que vimos. La podría describir como poesía, sobre todo poesía. Magia, mucha magia. Belleza. Teatro para niños hecho seriamente. Tan seriamente como si fuera para adultos. O tal vez más (ya hemos dicho que los bebés son un publico exigente). “Nuestro lenguaje poético pretende estar a la altura de las capacidades infinitas con las que nacen los seres humanos” dice Carlos Laredo. ¿Qué pasaría por la cabecita de mi hijo viendo esas maravillosas escenas?. Ver a bebés que no pestañean durante media hora en el teatro  te hace darte cuenta de la capacidad que tienen para apreciar la belleza. Sin duda mayor que la de los adultos.

Se define como teatro para bebés pero también llega el corazón de los adultos que les acompañan.

La primera vez que vi una obra de La Casa Incierta me dejó tan conmovida que comencé a escribirles una carta para agradecerles la oportunidad que me habían dado de disfrutar del teatro con mi hijo. Entre pañales y biberones no la pude terminar. Este post es mi manera de enviarles esa carta.


Termino con esta frase. “Tal vez, todo acto de arte para bebés sea un acto de amor y de respeto al que se ha atrevido a nacer en un mundo desconocido. Nacer hoy en día es en sí mismo un acto heroico” (Carlos Laredo).

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I. Miranda