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Y lo peor es que de divina poco, pero basta como pocas. 

Este año no estaba siendo bueno musicalmente, aceptable puede, pero nada sobresalía. A las aberraciones perpetradas por Shakira o David Bisbal, hay que sumarle que Prince, Pharrell o Sia estaban perezosos a la hora de editar más de dos canciones de buena calidad; y desenterrar a Michael Jackson no me pareció ni ética ni buena idea (¿esto sólo me lo pareció a mí?).

Tan sólo me quedaba la sorpresa que me ha provocado el cambio musical de Taylor Swift, pasándose  al más fastuoso pop para vender (me alegra saber que el tinte capilar no le reduce el olfato musical); y el disco bomba-sorpresa de Beyonce, aunque eso ya es agua pasada de finales del 2013.

Hasta que llegó nuestra protagonista… la bocachancla, pero tremendamente talentosa Azealia Bank.

Era verano de 2012 cuando la escuché por primera vez, creo que con algo de retraso (uno no puede estar a todas), con ese gran hitazo que fue “212” y que se editó en el EP “1991″, acompañado de joyas como “Liquorice” o de la canción que dio título a una de las mejores obras de ese año. Todo hacía presagiar que una nueva estrella nacía llena de descaro, ironía, talento y buen rollo.

Pero la estrella se disipó, a golpe de twitteo, peleándose con medio star system del pop (Lily Allen, T.I o Pharrell Williams) y malgastando su talento con alcohol y singles que no llevaban a nada. Ya nadie creía en ella, era un auténtico cuadro flamenco cada vez que tocaba un teclado de ordenador o se paseaba por algún festival, e incluso la discográfica que apostó por ella, la despidió. Hasta que el pasado 6 de noviembre con premeditación y muchísima alevosía, Azealia editó “Broke with expensive taste” (¡brava por el título!).

¿Y en qué consiste su música?. Pensemos en los Prodigy más transgresores de los 90, la Nicky Minaj más descarada y la Iggy Azalea más fresca. El resultado me devuelve a una artista en la que tenía muchas esperanzas, y de la que sólo espero que edite sin parar (cuando habla sube el pan, así que mejor detenerla a tiempo). El dance más sofisticado de “Soda” o “Miss Camaraderie“, la vuelta al pasado de “Nude Beach a Go-Go“, y hasta la salsa de “Gimme a Chance“… Todo encaja.

Te la recomiendo si piensas en la noche de fiesta que te queda por delante, en los anocheceres de Manhattan, el Soho de Londres o las tardes de Malasaña… Y por qué no, si una moderna de pueblo late en tí y estás cansado de lo mismo. Lo bueno es transgredir y dar que hablar.

Por el contrario si te flipa Pablo Alborán y la Cadena Dial, abstente…A no ser que quieras probar algo “Broke with expensive taste“.

Artista Thurman

 Foto: http://consequenceofsound.net/